Había una vez, un lugar mágico conocido como El Universo de los Números.
Un lugar lleno de operaciones, cálculos y retos matemáticos donde vivían los números del 0 al 9 como personajes encantados. Cada número tenía su propia personalidad y habilidades especiales, y juntos conformaban La Pandilla de los Números.
0, era un número que le encantaba pasar sus días sin moverse. Era el más flojo, tranquilo y pacífico de todos. Cuando había algún problema de muchas cifras, 0 siempre aparecía para participar de la solución, aunque la mayor parte del tiempo su presencia pasaba desapercibida, salvo en un partido de fútbol. A 0 le gusta vivir tranquilo y no tener problemas con nadie.
1, era un número alto y delgado que había nacido para ser el líder. Era el más valiente, responsable y competitivo de todos, y siempre encabezaba cualquier aventura que se presentaba. Todos los demás números lo admiraban y respetaban mucho porque “1” siempre era el que marcaba la pauta y era el mejor en todo lo que hacía.
2, era un número elegante y encantador que amaba trabajar en equipo. A 2 le gustaba vivir acompañado y se sentía muy especial de ser el primer número par del universo numérico. Cuando le tocaba dividirse, 2 siempre lo hacía de manera justa y equitativa.
3, era un número muy juguetón, ingenioso y lleno de vida. Era el número con el alma más creativa de la Pandilla. 3 siempre estaba listo para llevar su alegría y vitalidad a cualquier operación que lo requiriera.
4, era un número estable y ordenado. Era el número más firme y seguro en cada cosa que hacía. Siempre compartía con sus amigos soluciones claras y precisas ante cada reto matemático que se presentaba. Realmente era el número más experto y equilibrado del grupo.
5, era un número travieso, que siempre estaba en movimiento. Podía dividir cosas en mitades y transformarlas en fracciones, lo que lo hacía un experto a la hora de repartir. Casi siempre era el encargado de organizar los juegos y las actividades divertidas de lunes a viernes. A 5 siempre lo pedían o nombraban cuando había algo que celebrar.
6, era un número protector, amable, solidario y de gran personalidad. Era el número que siempre andaba pensando soluciones que pudieran beneficiar al resto. Cada vez que los otros números necesitaban de su ayuda, aunque estuviera con la barriga llena, 6 siempre salía corriendo a salvarlos.
7, era un número misterioso y sabio. Tenía la habilidad especial para encontrar patrones y resolver muchos acertijos numéricos. Era el número al que todos acudían cuando necesitaban algún sabio consejo.
8, era un número muy activo. Era el más juguetón, alocado e incansable de la Pandilla. Su forma de infinito hacía que siempre estuviera yendo y viniendo por todos lados. 8 amaba la diversión y le encantaba bailar, por eso siempre lo buscaban para animar las fiestas y celebraciones sorpresas de sus amigos.
9, era un número muy maduro y paciente, y es que era el mayor de todos. 9 estaba considerado como un número mágico porque sabía un truco muy especial: cada vez que se multiplicaba por cualquier número, al sumar los dígitos del resultado, siempre se convertía en este número.
Todos los días en El Universo de los Números, la pandilla entera se reunía sobre la gran pista matemática. Un inmenso terreno que se encontraba dividido en pequeños cuadrados y en donde los números demostraban sus diversas habilidades especiales resolviendo todo tipo de problemas.
Es en este lugar, donde la Pandilla de los Números aprendió a vivir en armonía, a respetarse entre sí y a darle el valor que le correspondía a cada uno de sus miembros, aprendiendo que trabajando en conjunto siempre se logran grandes resultados.
Así pasaba sus días La Pandilla de los Números, compartiendo risas y momentos únicos en los que todos juntos sumaban sonrisas, restaban tristezas, multiplicaban aventuras y dividían el éxito logrado detrás de cada operación.
Al final de cada día, los integrantes de la Pandilla se retiraban a sus respectivas casas – calculadoras, para descansar y soñar con las nuevas aventuras y desafíos que al día siguiente les volvería a regalar el universo matemático en busca de la solución correcta.
Y es así, como en este preciso momento, en el Universo de los Números también había llegado la hora de empezar la cuenta regresiva para irse a dormir…9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1….llegó la hora de cerrar los ojos y empezar a soñar.
Hasta una próxima aventura. Hasta mañana.